lunes, julio 11, 2005

La educación en el Perú - reflexiones de Fernando Villarán

Con autorización de Fernando Villarán, reproduzco su correo electrónico del día lunes 11 de julio donde desarrolla una serie de interesantes reflexiones acerca de la educación en el Perú, su punto de partida fue el artículo Cayara 2005, La Educación en el Perú, que pueden encontrar en http://peruenrumba.blogspot.com/. Juan Infante.


Juan,
Hace varias semanas que quería comentar tu artículo sobre la educación en el Perú (Cayara 2005 - La educación en el Perú -25 de junio), pero he estado saliendo fuera del país y luego de Lima, y recién tengo un poco de tiempo para hacerlo. Comienzo por expresar mi acuerdo con la tesis central (por lo menos lo que yo considero tesis central): nuestros niños y jóvenes, sobre todo los de la sierra del país, son muy inteligentes y tienen una sensibilidad especial que el resto de la sociedad no conoce y que probablemente no valora; los tests internacionales no son capaces de medir este tipo de inteligencia, por lo que hay que tomarlos con cautela (lo que no quiere decir que no los tomemos en cuenta). En los viajes que he hecho como miembro del CNE a algunas regiones, lo que más me ha impresionado es esa inteligencia, vitalidad y creatividad de nuestros niños y jóvenes; que no viene sino a confirmar una convicción que tengo desde que yo mismo era muy joven, cuando junto con Arguedas, Alegría y Scorza descubrí esta rica faceta de la realidad peruana. No puedo decir lo mismo de los padres de familia, y menos de los maestros; al menos en mi experiencia, ellos se han mostrado menos inteligentes y creativos, probablemente porque han adquirido actitudes y comportamientos menos libres y espontáneos, probablemente porque están reaccionando ante una sociedad que no los integra y no les da oportunidades. Por supuesto que existen excepciones admirables que habría que destacar y convertir en ejemplo para transformar sus respectivos sectores, pero por el momento no se ven movimientos organizados que tengan como objetivo central a sus hijos o a sus alumnos. El caso de los maestros es bien especial. He podido percibir una gran carga ideológica en muchos de ellos, sobre todo los que más intervienen y se manifiestan en las reuniones; probablemente por los años de prédica y práctica sindical de la mayoría de partidos de izquierda en el magisterio, en particular en los maestros identificados con la actual dirigencia del SUTEP. Este grupo de maestros, al que sigue pasivamente una buena parte del magisterio, pone sus legítimos intereses gremiales por delante y por encima de los intereses de los niños y jóvenes, que deberían estar en un primerísimo lugar. Más allá de las palabras, pues los dirigentes también hablan de los niños y de la calidad de la educación, la prioridad reivindicativa (aumento de sueldos y estabilidad laboral absoluta) y política (debilitar al gobierno y Estado burgués) esta muy por encima de los otros objetivos. Y esto es para mí sencillamente inaceptable. Es particularmente nociva la reivindicación de la estabilidad laboral absoluta; este es un privilegio del que no gozan otros peruanos y peruanas, ni los empresarios que pueden quebrar por una mala decisión, ni los políticos que tienen que ganar una elección y los pueden votar por diversos mecanismos, ni los trabajadores que están bajo contratos temporales, ni los campesinos que pueden perder todo por una helada, y así sucesivamente. Lo peor es que ella se ha convertido en la excusa perfecta para fomentar la mediocridad y la corrupción. A mi me han denunciado (no me lo ha contado nadie) los propios niños y jóvenes a maestros y maestras que no van a clases, que llegan borrachos, que no saben nada de lo que “enseñan”, que cobran por los materiales de trabajo, que trafican con las notas y también que los acosan y agraden sexualmente. (Por supuesto que no son muchos pero son suficientes para debilitar a todo el sistema educativo). Ellos han denunciado reiteradamente a estos malos maestros, pero no han recibido ninguna respuesta de los directores de las escuelas (que dicen que no pueden hacer nada porque ellos mismos son cómplices o porque tienen miedo por las represalias sindicales) y de las autoridades educativas que tampoco toman interés en sus denuncias. Por ejemplo, una de las mejores experiencias educativas, reconocida por casi todos, es Fe y Alegría; y la clave para su éxito es que los directores de las escuelas pueden escoger a los profesores y eventualmente cambiarlos cuando incurren en alguno de estos comportamientos negativos o incluso si es que no rinden como deberían. Las raíces de esta búsqueda de la “estabilidad” y“seguridad” en el trabajo es muy antigua, se puede remontar a la Colonia y la feudalidad, en la que todos buscaban una encomienda, un monopolio, un puesto público, una pensión, por parte del Virrey que le resolviera la vida sin trabajar. Ciertamente, no hay espacio para desarrollar este tema acá. Sólo diré que la estabilidad laboral no es el único, ni el peor privilegio; por ejemplo las ventajas que obtienen los empresarios mercantilistas son mucho más dañinas para la economía y sociedad peruana. Yo puedo entender perfectamente que un maestro, o cualquier otro trabajador, le tenga pánico a quedarse en la calle en un país donde el desempleo y el subempleo son altísimos y donde no hay oportunidadesde trabajo para todos por causa de un modelo económico excluyente. Y los dirigentes pueden perfectamente apelar al miedo y la inseguridad que cargamos con nosotros para movilizar a la gente. Pero eso no puede ser un motivo para proteger a corruptos y mediocres, y mantener a la educación peruana en tan mala situación. ¿Esto significa que estoy en contra de la organización sindical? Por supuesto que no; soy el primero en reconocer el derecho que tiene todo trabajador, y en particular los maestros, de tener su sindicato y desde allí luchar por sus derechos. Pero una cosa diferente es utilizar el sindicato para mantener el statu quo de mediocridad en la educación peruana, defendiendo la estabilidad laboral y otras reivindicaciones a costa de los niños y jóvenes, a costa de la calidad de la educación. Precisamente, los cinco principios de la OIT son: derecho a la organización sindical y la negociación colectiva, abolición de trabajo forzado, eliminación del trabajo infantil y la discriminación en el trabajo; no habla para nada de estabilidad. ¿Esto significa que le hecho toda la culpa a los malos maestros? Que exonero a las autoridades, ministros, directivos, presidentes y líderes políticos de sus responsabilidades sobre la mala calidad de la educación? Por supuesto que no. Aquí hay muchos responsables, y casi todos, por no decir todos, tenemos algún grado de culpa. Pero no se puede poner a todos en el mismo saco y con el mismo nivel, y menos echarle la culpa a otro de las fallas propias. El argumento de que “las autoridades tienen la culpa” es muy antiguo, y siempre es una buena excusa para exonerarse de las responsabilidades propias. Además,en los últimos años lo que han hecho las autoridades ha sido conciliar con las reivindicaciones de los maestros sin pedirles nada a cambio (Pliego del 2003con Aizanoa de Ministro). Para mí está claro que la fuerza más positiva y transformadora de la educación son los niños y los jóvenes; pero con nuestros parámetros occidentales, no somos capaces de crear los canales para que ellos se expresen y organicen, arguyendo que todavía son muy pequeños, que no deben asumir responsabilidades, etc., cuando en realidad su vida y entorno tan duro, diverso y enriquecedor los han hecho madurar muy rápido, adquiriendo de sobra la capacidad de tomar un rol protagónico en la transformación de la educación peruana. A partir de allí debemos organizar a los padres de familia, luego a los maestros y finalmente las autoridades, despojados de sus dogmas y prejuicios, para iniciar una verdadera transformaciónde la educación en el Perú. Es claro que no será nada fácil hacer esto, pero no podemos dejar las cosas como están. Por supuesto, son ideas para discutirse; este es un tema tan complejo y difícil que no se va a resolver por obra de unos cuantos iluminados. Bueno, creo que me ha salido un poco larga la respuesta; lo que en parte puede justificar la demora.

Un abrazo
Fernando Villaran

1 comentario:

lenin valencia dijo...

Fernando:

He leído con atención la respuesta que das a Juan Infante y creo que nos brindas una visión completa del problema educativo peruano. Vengo trabajando hace casi tres años en un proyecto educativo de formación de jóvenes emprendedores en la ciudad de Cusco y he podido encontrar en mi experiencia de trabajo lo siguiente:

Como Juan y tú señalan, nuestros niños y jóvenes son muy hábiles, y creativos en el entorno y con las limitaciones con las que crecen. No es mi intención hacer una apología de la pobreza, sin embargo aquellos jóvenes con los que he trabajado y que en su mayoría provienen de sectores de escasos recursos (económicos) han desarrollado talvez con mayor precocidad habilidades para – con pocos recursos- generar ideas y productos novedosos con los cuales puedan responder de manera inmediata a los problemas y limitaciones que enfrentan cotidianamente. También he encontrado un espíritu crítico en tanto – cuando se les brinda los espacios, la confianza y la mayor autonomía posible- fiscalizan (casi sin piedad diría) los servicios educativos que les brindamos. Pero seré franco en señalar que nuestros jóvenes también van asimilando y reproduciendo patrones de comportamiento del ambiente adulto en el que han crecido, no solo del ambiente inmediato familiar sino también del ambiente adulto de la escuela, del barrio e inclusive del ambiente adulto de la tradicional política peruana nuestra.

La habilidad y la creatividad van acompañados en muchos casos de prácticas de viveza cínica y el espíritu crítico va acompañado en muchos casos de actitudes de “la critica por la critica”. Cuando mencionabas la forma en la que entienden y viven muchos de nuestros maestros peruanos su vida sindical me vino a la mente la forma en la que los jóvenes con los que trabajo, inicialmente asumían sus reivindicaciones ante nosotros, era la “critica por la critica”. Para mí es claro que muchas de las maneras de estos jóvenes de entender por ejemplo la protesta, la critica o las reivindicaciones están marcadas por las formas en que se han articulado las relaciones de autoridad en el ambiente en el que han crecido y en general por las formas de negociación con la autoridad que se han desarrollado en nuestro país históricamente. Además recordé un artículo que leí sobre algunas diferencias entre los sindicatos latinoamericanos y los sindicatos japoneses. A partir de este articulo he podido trabajar con muchos de mis alumnos durante estos casi tres años para reflexionar sobre la importancia de la cultura crítica propositiva y comprometida para el logro del bien común y no solo del bien corporativo.

Creo además que aun tenemos que bregar contra un lastre que se ha impregnado en la mentalidad de muchos de nuestros compatriotas y que también se esparce entre nuestros jóvenes. Señalaba que la habilidad y la creatividad van acompañados en muchos casos de prácticas de viveza cínica. La ganancia inmediata, con el menor esfuerzo posible (talvez una reproducción a otro nivel de la idea del “cholo barato”) es un problema que hemos tenido que enfrentar en este proyecto. Creo que no se trata de idealizar positiva o negativamente a los jóvenes sino de dar cuenta de los problemas que persisten en nuestra sociedad y que pueden obstaculizar el desarrollo de acciones educativas innovadoras y el desarrollo integral de las nuevas generaciones. Será muy obvio lo que digo pero quienes tenemos una responsabilidad directa en el desarrollo de la educación debemos pensar en estrategias creativas e innovadoras donde se potencien y desarrollen las grandes habilidades y valores de los ámbitos sociales y culturales de donde provienen nuestros jóvenes; y se calcifiquen (si vale el término) y limiten aquellos anti valores y hábitos que entorpecen el desarrollo de inteligencias democráticas y criticas.

Permítaseme muy brevemente explicar cómo hemos logrado generar un ambiente educativo de criticidad, proposición y democracia. Nos hemos validos de tres principios de trabajo fundamentales: la total transparencia en las decisiones tomadas dentro de nuestra institución, la evaluación permanente del servicio educativo brindado y la promoción de jóvenes con espíritu critico-creativo permanente para con la realidad en la cual se desenvuelven. Obviamente esto no es invención nuestra pero implica un esfuerzo permanente por consensuar los intereses individuales de educandos y educadores con los intereses comunes a todos.

Muchos de los problemas de abuso de autoridad a los que haces mención los he encontrado también en testimonios de amigos que concluyen sus estudios universitarios en la universidad nacional de Cusco. Indigna saber el nivel cinismo para hacer uso indiscriminado y abusivo del poder de muchos docentes universitarios. Exigen puntualidad y llegan a la hora que quieren, dictan cursos con un solo libro como referencia (y casi al pie de la letra), desaprueban por tres o cuatro semestres a alumnos que protestan por sus abusos o ponen en evidencia sus faltas. Es muy probable que estos mismos jóvenes luego, cuando tengan alguna cuota de poder, reproduzcan las mismas pautas de acción para con sus “subordinados”. El nivel de mediocridad reproducido es impresionante y nauseabundo. Los docentes mas capacitados son excluidos de los grupos de poder y tarde o temprano tienen que emigrar (si es que pueden hacerlo) a universidades privadas que pueden valorar y remunerar adecuadamente su talento.

El problema del alcoholismo al que hace referencia Juan, no es monopolio de las comunidades o pueblos de la sierra. En ciudades de sierra como el Cusco, ese problema también es grave. Analizar las causas del mismo excedería estas líneas, pero solo afirmaré que mucho de ello se explica por los limitados espacios alternativos de ocupación del tiempo libre de los jóvenes cusqueños, que en grupos liban a toda hora y en todo lugar (principalmente en parques o “bares”). La lectura de un buen libro durante un fin de semana –por ejemplo- sería imposible dentro del imaginario de un joven promedio cusqueño.

Pareciera que todo es malo, pero puedo dar testimonio que, aunque los procesos de desaprendizaje de antivalores y malos hábitos sean una tarea ardua y que requieren de un proceso real de educación personalizada, sin embargo son totalmente factibles porque estos niños y jóvenes también tienen una gran reserva moral que hace posible superar todo lo anteriormente descrito. Por eso concuerdo contigo en que debemos trabajar principalmente con los que ya son el presente de nuestra nación: los niños y jóvenes.

Lenin Valencia